Ni popular, ni odiado, ni amado, sólo uno más. Ese era él, el mismo que, como muchos otros, no hallaba el momento de encontrar un mejor futuro y un mejor camino. Caminaba también por las calles del centro de la ciudad, así como tú, así como yo, así como muchos. Caminaba y pensaba, gran logro para quien se enfrenta a un andén donde cada paso implica esquivar a otra persona que se atraviesa. No hace mucho que había salido de su clase, una entre muchas otras y sin nada de especial. Se aprovechó, se aprendió, y se terminó, así de sencilla la jornada académica. Sin renegar y sin hablar, él iba por ahí, rumbo a su casa como muchos, rumbo a su casa como en algún momento todos lo hacen. Desconfiado del ambiente, desconfiado de la gente, profiriendo insultos mentales a cuanto conductor o peatón veía, así era él, así son muchos. Chocaba, se desviaba, aceleraba, empujaba y miraba mal, eso pasaba cuando él caminaba. ¡Pero qué clase de patán!, le gritaba la gente, mientras él caminaba indolente. Con la sierra imaginaria en la mano derecha, alejaba a la gente con gran ligereza. ¡Pero qué enfermo! Exclamarán algunos. ¿Cómo es que ese individuo puede ser tan pedante y violento? Lo más probable es que él no sigue el pensamiento políticamente correcto. Sonreía con maldad ante los demás, los miraba de arriba abajo y a veces se retorcía. ¡Qué desgracia la mía, viviendo entre esta gente todos los dìas!
Al fin llegó el otro día, una nueva jornada comenzaba. Él se debía alistar, debía preparar todo para su salida. Pero ¿a dónde iba? Al lugar habitual, a la Universidad. Pero qué sorpresa cuando llegó y se sintió perdido, qué susto cuando sonreía al que no conocía, cuando se reía del que pasaba por encima, y cuando no reconoció que a esa misma gente ya la conocía. No eran otros, no eran distintos a los del otro día; pero aún seguía perdido, seguía sin entender qué había pasado con el lugar que le retorcía. ¿Acaso se esfumó? ¿Acaso se transformó? No, simplemente el ánimo cambió. Luego de que reconoció esto, él dejó de estar perdido, lo recordó todo, y tan ubicado se sintió, que su ánimo de nuevo cambió, ahora volvía a insultar al peatón.
Y es que no se necesitan enormes aventuras para expresar los sentimientos, no se necesitan personalidades extravagantes para llamar la atención. Es el día a día el que nunca se cansa de brindar ejemplos y arrojar herramientas. Y ahora bien, ¿se parece usted a él?
jueves, 11 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
Un nuevo comienzo
Hace algún tiempo no surgía palabra o verso que no fuera línea de un ensayo. Que la mente se transforma, que las ideas cambian, y que el modo de expresarlas también, es algo de lo que no dudo. Pero ¿dónde queda la espontaneidad? ¿Dónde queda ese escribir impulsivo e impredescible? A veces parece que se esfuma entre artículos y ensayos. Pero ahora surge una renovada sed de viajes, una sed de aventuras imaginarias pero reales. Ahora, en esta ocasión, se abre nuevamente la puerta para que salga la sevicia, para que salga la ira y haga de las suyas por ahí, para que configure historias y perfile personas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)